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Información
biográfica:
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Juan
Carlos Bayona Vargas: Diplomado en Filosofía. Universidad
del Rosario. Bogotá; - Doctorado en Filosofía y Ciencias
de la Educación. Universidad Complutense de Madrid.
Rector del Gimnasio Moderno. Bogotá. Miembro de las
siguientes juntas directivas: Consejo Editorial de la
publicación "Educación y Educadores" de la Universidad
De la Sabana, Bogotá. Corporación Universitaria, UNITEC,
Bogotá. Gimnasio Femenino, Bogotá. Fundación Juventud,
Bogotá. |
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Abstract: |
En la actualidad, existe en la educación primaria
y media de Colombia un extraño apremio por enseñar
la lengua inglesa. Apremio que, en aras de instaurar
una educación bilingüe, parece estar eclipsando cuestiones
más urgentes e importantes del universo pedagógico
como lo es la búsqueda de soluciones a problemas que
giran en torno a la naturaleza misma del proceso educativo.
No se discute la importancia que pueda tener el aprender
una segunda o tercera lengua, pues de suyo la posee;
lo que se pone en tela de juicio son las presiones
que se ejercen sobre las instituciones escolares para
que realicen dicha labor, los mecanismos a que ellas
acuden para dar respuesta a esas presiones y las consecuencias
que todo esto pueda traer para el sistema educativo,
en general, y para los estudiantes, en particular.
La sociedad colombiana, desorientada tanto por las
leyes que impone el mercado como por una falsa imagen
creada sobre los procesos de globalización, coacciona
de tal manera al sistema escolar que éste termina
adoptando soluciones sobre el tema del bilingüismo
que van en contra de uno de los objetivos esenciales
de todo proceso educativo: el contribuir a que los
seres humanos determinen qué quieren ser, sobre la
base de saber quienes son. Cuando la enseñanza de
una segunda lengua se realiza de manera mecánica se
corre el riesgo de que se olviden los valores, formas
de vida y medios de socialización que la lengua materna
ha ayudado a construir a lo largo de la historia.
No es de extrañar, entonces, que un buen número de
los estudiantes formados en estas condiciones desconozcan
el papel histórico que deben desempeñar en el contexto
de su país. En el fondo, la obsesión por el bilingüismo
se nutre de querer ocultar lo que se es o de desconocerlo.
En consecuencia, la enseñanza de una segunda lengua
debe estar regida por principios diferentes a los
impuestos por las leyes del mercado o el esnobismo
intelectual. Para establecer estos principios se debe
partir del hecho central de que cada lengua crea un
mundo y unas formas particulares de comprenderlo y
hallar sentido en él; en tal medida, aprender una
lengua extranjera implica ingresar a un universo cultural
distinto al que se conoce. Este ingreso no debe ser
realizado desde la negación de lo propio, sino en
diálogo con ello; ya que así los horizontes culturales
se expanden y multiplican, nutriéndose de manera mutua
y superando el peligro que supone el que una versión
de la realidad se imponga o suplante a la otra. El
medio más expedito para lograr lo propuesto consiste
en que la enseñanza de las lenguas se realice a través
de la literatura, entendida ésta no sólo como los
productos de la ficción creadora, sino como los textos
que circulan en una sociedad y que recogen el genio
y el espíritu de sus pueblos. Formar lectores ávidos
de los textos de la cultura, que se dejen seducir
y asombrar por las oportunidades de acceder a mundos
diversos, es el mejor camino que se puede emprender
para que los seres humanos ganen en complejidad, respeto
recíproco y gocen de las múltiples ventajas que supone
dominar diferentes códigos lingüísticos.
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